Los centros educativos y las familias constituyen comunidades formativas que tienen que actuar conjuntamente para tratar de conseguir una educación de calidad, que de respuesta a las crecientes demandas de una formación integral de nuestros alumnos.
Sin la cooperación activa y eficaz de las familias, los centros educativos encontrarán grandes dificultades para cumplir los objetivos de "aprender a vivir juntos" y de "aprender a ser", pilares indiscutibles del nuevo modelo educativo para este siglo XXI.